Te quiero, ¿lo entiendes? Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero. Podría repetirlo hasta que mis labios se sequen y las palabras dejen de tener sentido. Podría escribírtelo en aleman o en chino, al revés, con letras rojas o con tinta invisible. Podría tatuármelo en la frente, para que lo vieras cada vez que me miraras. Podría hacer que un avión lo escribiese en el cielo, como en las películas, o que apareciese en el marcador, en medio de un partido de fútbol. Pero no me gustan los aviones ni los partidos, ni se hablar chino ni siquiera en el mundo al reves, me dan miedo las agujas y nunca supe encontrar tinta invisible. Solo me queda decírtelo.
-Te quiero. ¿Lo sabías?
-Te quiero. ¿Lo sabías?

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